La medicina de la concentración

Magia, miedo y dominación. Es probable que estos tres conceptos sean los primeros que aparecen en la mente de cualquier persona al pensar en la hipnosis. Muchos asocian esta técnica milenaria con la imagen de algún conocido que una vez en una fiesta se subió a un escenario y siguió las órdenes de un hipnotizador sin pensarlo dos veces. Otros, a los videos que circulan en YouTube de personas que sin ser conscientes de sus acciones se lastiman pero no muestran signos de dolor. Sin embargo, desde hace años esta práctica no solo se reduce al entretenimiento: de hecho, la hipnosis clínica es utilizada en medicina como un método alternativo en tratamientos de pacientes oncológicos, con problemas respiratorios, y trastornos de ansiedad y depresión. En los hospitales europeos es común, incluso, que cerca de las salas de parto haya un departamento especial para preparar a las embarazadas con métodos que las ayudan a relajarse. Además, cada vez es más usual que se la utilice como un método alternativo en los tratamientos pediátricos. “No es una herramienta mágica, pero ayuda en muchos casos”, asegura la presidenta de la Sociedad Uruguaya de Pediatría, Alicia Fernández.

Mientras en Estados Unidos y Europa la técnica se aplica en distintas áreas de la medicina —desde la odontología a la psiquiatría—, en Uruguay recién se comienza a posicionar como una herramienta para tratar a niños y adolescentes. “Cada vez hay más aceptación porque se ven los resultados, pero no está dada la estructura como para hacer un departamento de hipnosis clínica”, dice la pediatra y profesora de la Facultad de Medicina Flavia Chamorro, una de las pocas profesionales que trabajan con hipnosis clínica en Uruguay. La mayoría de los pacientes, agrega, se atienden en sesiones privadas porque las consultas pediátricas en general no duran más de diez minutos, y son pocos los profesionales capacitados para hacer estos tratamientos. “Apenas nos alcanza para hacer un diagnóstico con el tiempo que tenemos con los pacientes”, comenta.

Un caso, una sesión. Bajo un estado de concentración plena, la hipnosis consiste en eliminar los estímulos externos para aliviar un dolor o cambiar las sensaciones desagradables que despierta un trastorno o una enfermedad. “Es una herramienta simple que permite olvidarse del resto y dar una nueva señal para que manejes una situación de otra manera y con una codificación nueva”, detalla Chamorro.

La hipnosis es, en definitiva, una de las más antiguas intervenciones dentro de la medicina. Ya los griegos, egipcios y persas utilizaban este estado natural para cambiar una sensación en particular. Pero la práctica quedó en el olvido hasta que en la década de 1950 los investigadores estadounidenses Milton Erickson y Ernest Hilgard presentaron una estrategia moderna de la hipnosis, que se centraba en el reservorio de recursos personales que tienen los individuos para resolver una problemática por sí mismos. Unos pocos años más tarde —y sin dejar de lado la controversia— la American Medical Association reconoció esta técnica como una herramienta eficaz para la medicina, y en 1996 el National Institute Health Technology Assessment indicó que también sirve para aliviar los dolores del cáncer y los trastornos crónicos. Así, de a poco, la práctica se empezó a utilizar en tratamientos pediátricos, ya que los niños tienen mayor sensibilidad y pueden integrarse con más facilidad, por su imaginación. En este punto es importante detenerse: si bien la fantasía es parte de la técnica, la hipnosis clínica es bastante diferente a lo que se muestra en los espectáculos de entretenimiento. Los pacientes no quedan inconscientes y tampoco son sumisos.

En las sesiones, los pediatras trabajan con la imaginación de los niños y adolescentes para llegar a un estado de atención plena. Una vez que logran concentrarse, guiados por las palabras de los profesionales, aprenden a reconvertir una sensación negativa en un estímulo más sano y seguro. “Es importante desmitificar esta terapia. Lo que se hace es borrar los estímulos externos, como los ruidos y pensamientos que puedan distraer al paciente, para focalizarse en lo que se tenga que tratar. Se genera un estado de hiperconcentración y a través de sugestiones —en los niños se utilizan mucho los cuentos y los relatos— se dan nuevas señales, como si fuera un segundo sistema, para aprender a modificar el dolor”, explica Chamorro.

Cada niño, un proceso. Las sesiones de hipnosis clínica se realizan en función de las necesidades y características, de los pacientes. Antes de empezar un tratamiento, que suele durar entre ocho y diez sesiones, se tiene que analizar el grado de maduración y concentración que el niño o adolescente pueda alcanzar. “Cuanto más chicos son, más fácil es trabajar con relatos, cuentos y técnicas de respiración. Pero en los más grandes es distinto: podés tratarlos como adultos. Se los induce a un estado de respiración y relajación profunda para llegar a cambiar un estímulo de otra manera”, dice Chamorro. El resultado siempre depende de la concentración del paciente.

La pediatra todavía recuerda el caso de una niña de solo 4 años que, a pesar de su edad, tenía un grado de madurez que le permitió aprender la técnica para tratar un problema de ansiedad. Pero también reconoce que algunos pacientes más grandes no consiguieron el objetivo mayor: eliminar el sufrimiento. “Lo que siempre se logra es disminuir la ansiedad, muchas veces los dolores y la cantidad de medicamentos que toman. Siempre mejoran su calidad de vida”, dice. Alicia Fernández está de acuerdo: “Los resultados son evidentes”, agrega.

En las sesiones, que en los más pequeños duran media hora y en los adolescentes 60 minutos, también se puede agregar música como un útil para evitar los ruidos externos que distraen a los pacientes. “Es que todo se enfoca en la concentración y en el poder de la palabra”, repite Chamorro. Para desmitificar y dejar a un lado los miedos que muchas veces aparecen cuando se oye hablar de hipnosis, también es frecuente que los padres participen en las sesiones con sus hijos. “Muchas veces, los invitamos para que hagan los ejercicios de relajación y vean qué es lo que sienten ellos. Es importante quitarle carga a eso de que la hipnosis es parte de un show. Así lo viven de otra manera y se dan cuenta de que el estado hipnótico —que en verdad es natural para el ser humano— produce paz, tranquilidad y armonía”, explica.

Un método alternativo. A pesar de que en algunas ramas de la medicina todavía existe resistencia con la hipnosis y faltan profesionales formados para practicar los tratamientos, la técnica cada vez tiene más apoyo desde la academia. El libro Clinical hypnosis with children: first step toward empirical support (2000), escrito por Milling y Constantino, que recoge las investigaciones de una docena de estudios, asegura que la práctica contribuye a disminuir las dificultades de aprendizaje en los niños y los problemas médicos pediátricos en general. El relevamiento también indica que es beneficioso en los casos de fibrosis quística, un trastorno genético que produce el mal funcionamiento del sistema exocrino y afecta los pulmones.

Después de documentar la experiencia en un centro pediátrico durante tres años, una investigación de los pediatras Anbar y Hummer, en 2005, señala que la autohipnosis mejora los síntomas de ansiedad, asma, los dolores en el pecho, la disnea (dificultad respiratoria), los hábitos de toser y la disfunción de las cuerdas vocales. Según la investigación, 82% de los pacientes mostraron una mejora o una resolución de los problemas. “La autohipnosis es importante y es una técnica que enseñamos en la terapia para que los niños y adolescentes puedan practicar cuando vuelva el problema”, dice Chamorro.

En este sentido, la pediatra recuerda el caso de un niño de ocho años que llegó a la consulta por una crisis asmática y que después de una sesión comenzó a usar la técnica como una herramienta para las situaciones que le provocaban estrés o ansiedad: “Estaba por pasar al CTI pero mejoró con ejercicio de respiración y autocontrol. Tres años más tarde lo vi en otro hospital y me contó que, como le había funcionado, aplicaba la técnica cuando tenía una prueba en el colegio o una nueva crisis. Se autorregulaba de esa forma”, recuerda.

El libro Hypnosis and Hypnotherapy with Children, escrito por los pediatras Daniel Kohen y Karen Olness, también recuerda el estudio clínico aleatorio que los investigadores White, Liossi y Hatira realizaron en 2006 con 45 pacientes pediátricos con cáncer. Después de separarlos en dos grupos, uno tratado con anestésicos locales y otro con anestésicos locales e hipnosis, observaron que los que estaban dentro del segundo grupo experimentaron menores niveles de ansiedad y dolor durante el procedimiento. Al mismo tiempo, indica el estudio, estos pacientes manifestaron un menor malestar conductual. Así, se mostró que los procedimientos hipnóticos son eficaces para el manejo del dolor, la depresión, algunos trastornos del sueño y la preparación para una cirugía. “No tiene contraindicación y es positivo para los pacientes”, apunta Chamorro.

En Uruguay ya hay médicos, psicólogos y pediatras que empezaron a utilizar la hipnosis clínica en sus consultas. Pero mientras espera que la técnica se expanda dentro de la comunidad pediátrica, Chamorro continúa recibiendo consultas en el Hospital Pereira Rossell y de forma privada. En los últimos cinco años, trabajó con pacientes con enfermedades oncológicas, algunos con trastornos más leves y algunos niños en cuidados paliativos. “Me acuerdo de una niña que a través de la hipnosis practicó los ejercicios con su familia en los últimos momentos. Su padre después me dijo que estaba muy contenida, en paz y tranquila”, recuerda.

Una técnica en tres pasos

La hipnosis clínica se puede definir en tres componentes: ensimismamiento, disociación y sugestividad. En las sesiones médicas se busca que el paciente se focalice para poder eliminar los estímulos externos y cambiar la reacción que siente frente a un problema. “En ese estado se modifica una sensación para aprender a tolerar de otra forma. Se busca eliminar la sensación del dolor, la ansiedad o el problema detrás del trastorno que tiene el paciente”, dice la pediatra y profesora de la Facultad de Medicina Flavia Chamorro. Y para concluir resalta: “No tiene contraindicaciones porque solo se utiliza la palabra. No es invasiva y, en caso de no conseguir el objetivo, siempre se logra atenuar el dolor”

Fuente: Semanario Busqueda, 20/12/2018. La medicina de la concentración. busqueda.com.uygoo.gl/CECN7S 

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